viernes, 22 de abril de 2016

DE TAPAS CON AMIGOS - 5ª EDICIÓN (BARCELONA - SANT ANDREU)




Aprovechando que celebramos la 1ª edición del evento Amstrad Eterno, no quisimos perder la oportunidad de realizar una nueva quedada de las simpáticas "De tapas con amigos" que promocionamos desde este blog. En esta ocasión con un elenco de personas de lo más especial, ya que muchos de ellos eran algunos de los ponentes vip que habían dado su correspondiente charla en la propia feria. Así, tras finalizar la primera feria de España dedicada exclusivamente a la marca de ordenadores británica Amstrad, nos dirigimos al local escogido para la ocasión con el fin de acabar la velada con una buena y apetecible cena... aunque más adelante veremos cómo terminó la cosa. Casualidades de la vida, esta vez también realizamos la reunión en la ciudad de Barcelona y, más concretamente, en el barrio de Sant Andreu, muy cerca del recinto en el que horas antes se había desarrollado el evento. Unos a pie y otros en coche, nos fuimos acercando al lugar, un restaurante llamado La Bruixa que antaño tenía muy buena fama pero que, por lo que pudimos ver, va directamente a la deriva, merced a un dueño incapaz de llevarlo a buen puerto por culpa de su mal carácter y sus pocas ganas de trabajar. En fin...


El restaurante no tiene mal aspecto... el trato sí


Como ya he contado al principio, algunos de los desarrolladores de "La Edad de Oro del Software Español", junto a otros desarrolladores actuales para sistemas retro, así como la organización de la feria Amstrad Eterno y otras personalidades del sector, fueron los ilustres comensales de esta quinta edición de las Tapas. Pero citémoslos a todos, que vale la pena: el ilustrador y dibujante de cómics Juan Giménez (suyas son portadas de la Edad de Oro como Sol Negro, Toid Acid Game o Guillermo Tell, entre otras), los programadores José Vicente Pons (ex de Opera Soft y Comix, con juegos como Ulises, Mithos o Corsarios) y Javier García Navarro (ex de Génesis Soft con juegos como Sabrina y Ormuz, y creador del actual Adiós a la Casta en 4MHz), los grafistas Raúl Ortega Palacios (ex de Dinamic con juegos como Freddy Hardest y El Capitán Trueno) y Ricardo Cancho (ex de Topo Soft y Animagic con juegos como Titanic, Silent Shadow o Xenon) y los músicos (además de grafistas) José Antonio Martín (ex de Creepsoft y Dinamic con juegos como Rescate Atlántica o A.M.C) y Alberto J. González, alias Joe McAlby (ex de New Frontier y Bit Managers, con juegos como Hostages o North & South).

Muchos de los que fuimos a la cena

Esto en lo que respecta a las grandes personalidades que nos visitaron, pero no nos olvidemos de otras personas menos famosas pero no menos importantes, como es el caso de los desarrolladores homebrew César Nicolás González (en CNG Soft ha realizado juegos para Amstrad CPC como Justin, BB4CPC y Frogalot), Pacomix (programador de CPC Bros, la versión para Amstrad CPC del mítico Snow Bros) y Toni Ramírez (con el juegazo Space Moves para Amstrad CPC), los conocidísimos y respetados Chema y Javi Ortiz (redactor de la revista Retromaniac Magazine y miembro del podcast Retro entre Amigos en el caso del primero, y miembro de la web y del podcast El Mundo del Spectrum, en el caso del segundo), el profesor de la Universidad de Alicante, Fran Gallego (autor de la CPCTelera, creador de la cada día más importante competición CPCRetroDev y uno de los organizadores de la feria RetroConsolas Alicante) y los tres autores de la Enciclopedia Homebrew, Iván Sánchez, Ignacio Prini y un servidor. Además, y como no podía ser menos, asistieron Elu (presidente de la Asociación Retromaniacs.es, coorganizador del evento) y tres de los cuatro miembros de Amstrad Eterno: Altaïr Alpha, Toni y, de nuevo, yo mismo. Y no nos olvidemos de la única chica que tuvo la suerte de compartir mesa con tanto galán: Soraya, la pareja de Javier García Navarro.

Raúl, César, Alberto, José Antonio y Atila

Lo que en un principio iba a ser una agradable cena se convirtió en una extraña y surrealista noche de tapeo, aunque es cierto que las risas estuvieron presentes durante toda la velada y se que se podrían sacar unas cuantas anécdotas de este día. Nada más llegar, el camarero y dueño nos dijo que no había comida ni cocineros pese a haber reservado sitio para veinte personas varios días antes. Empezamos mal. Respondiéndose él mismo a las preguntas que hacía, como si de un diálogo de una sola persona se tratara (al más puro estilo Gollum), comenzó a mover mesas con el objetivo de juntar las necesarias para que pudiéramos cenar algo. Por suerte (o por desgracia) este espectáculo solo pudimos vivirlo los primeros que habíamos llegado, pues el resto estaba aún de camino. Mientras el dueño andaba de aquí para allá hablando solo, una camarera bastante nerviosa (nos dijo que no se la liáramos porque era su primer día de trabajo) nos trajo la carta, aunque al final resultó que no había casi nada para cenar.

Juan no quería ni girar la cabeza

Una vez todos sentados en su respectivo lugar, el propietario, que por momentos intentaba hacerse el gracioso pero lo más normal era que le saliera una "mala follá" que tiraba de espaldas, improvisó una especie de menú de tapeo que incluía patatas con alioli, tostadas con paté, rabas de calamar, jamón serrano, pizza y alguna otra cosa más. El problema es que era demasiado escaso para tantas personas y para el precio que nos cobraron. El pobre Juan Giménez tenía que robarnos algún que otro plato para que les llegara algo a la zona en la que él mismo y Elu se hallaban. Hablando de Juan, no quería ni girar la cabeza por terror a los cuadros que teníamos a la espalda, principalmente el de un gato con cara de psicópata y el del retrato del propio dueño que, te pusieras donde te pusieras, siempre te miraba directamente a los ojos. Aterrador...

Atila, Ignacio, Javi Ortiz e Iván

Precisamente, el local estaba lleno de cuadros, algunos de enorme tamaño, pero todos con un toque siniestro que te hacía pensar en todo momento si el propietario cerraría la puerta con llave y perpetraría una masacre con nosotros. Y no solo de cuadros, sino también de máscaras, y de una enorme jaula en la que había algún tipo de pájaro (posiblemente la reencarnación de Satanás) que no nos perdía de vista. Por lo demás, todo normal: minicopas para la cerveza, broncas constantes del dueño a la camarera, despotricaciones de esta última hacia su jefe cada vez que no estaba presente, frases como "No hay pan, que el jefe no quiere" o una ronda de Xibecas de un litro como si aquello fuera una vulgar plaza y nosotros tuviéramos quince años. Suerte que estábamos de cachondeo y nos lo tomamos todo a broma, porque si se lo cuentas a alguien no te cree. Alberto Chicote, aquí tienes trabajo.

Javier, su pareja y José Vicente

Hablamos de todo un poco, pero sobre todo de la primera feria de Amstrad que se acababa de terminar, aunque también hubo tiempo para asuntos más personales y divertidos. Por cierto, ni postres ni cafés incluidos... el dueño estaba empeñado en ofrecernos sangría, aunque finalmente optamos por tés y cafés, al menos en nombre, ya que mi café con leche solo era leche caliente con azúcar y algún té que circuló por ahí parecía agua calentada al microondas. Tras un par de horas de cena con tan ilustres personas, tocaba seguir cada uno su camino y despedirse de gente a la que has admirado desde pequeño y el tiempo por fin te ha dado la oportunidad de conocer. Por mi parte no puedo estar más contento de haber coincidido con todos estos cracks, del primero al último, y espero que nos volvamos a ver en otra ocasión para recordar, entre otras cosas, como fue esta surrealista experiencia.



Hasta pronto, blackmores...

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